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  • Fabien Drogue

¿Cómo estoy hoy?

Tal vez se hayan hecho esta pregunta alguna mañana, delante del espejo o mentalmente… ¿Cómo estoy hoy? O tal vez no. O puede que sin sopesar todo su poder.


Esta pregunta con aires banales e intrascendentes esconde una infinidad de oportunidades. Defiendo fervientemente que las oportunidades nacen del cuestionamiento, y qué cuestión podría ser más importante que esta, cuando su respuesta condiciona todos y cada uno de los momentos del día que se nos presenta por delante.


Ejemplo tonto, pero gráfico. He dormido mal porque mi vecino (sin vergüenza y visiblemente sin reloj) está aprendiendo a tocar la batería. ¿Cómo estoy? Pues probablemente cansado, un poco irritado o incluso indignado. Pero tendré que presentarme al trabajo con la alegría y actitud positiva de cualquier otro día…nadie más que mi vecino tiene la culpa de mi cansancio, y mi equipo se merece mi mejor versión.




Ahora bien. No puedo fingir que estoy perfectamente bien, a pleno rendimiento, por desgracia esto no es el mundo maravilloso de los unicornios y arcoíris.


Lo que sí puedo y debo hacer, es adaptar mis respuestas a las circunstancias que se me presenten. Puedo porque me he hecho la pregunta correcta al empezar el día, pero también y sobre todo porque tengo en mente la respuesta a esta pregunta cuando las situaciones del día tienden a tensarse… y eso podría no ocurrir a las 09.00 sino a las 18.00, y ahí es donde el esfuerzo de auto-consciencia es realmente necesario y valioso.

Puede ser que a esta hora ya casi se me hayan olvidado las rítmicas noches del vecindario, pero la realidad es que, de un modo u otro, siguen alterando mis facultades.

Cuando aquel compañero o colaborador se me acerca con un problema, en el momento justo en el que me dispongo a marcharme, es cuando mi respuesta de esta mañana debe volver a mi mente (“cansado, un poco irritado o incluso indignado”). En este preciso momento, el esfuerzo de la consciencia de uno mismo es lo que puede marcar la diferencia entre una respuesta brusca o ruda (con las consecuencias nefastas que esta puede acarear), o una escucha activa y la búsqueda de la solución que le pondrá el lazo a un día bien llevado.


Posiblemente esta reflexión resulte fútil para algunos, y probablemente sean los mismos a los que día tras día debo convencer de que mi alegría y actitud positiva no es sólo cuestión de personalidad, ni nace de la ingenuidad, o del “flower power” como he oído alguna vez.


¿Cómo estoy hoy? Cada día una respuesta distinta, pero cada día una decisión: escoger abrazar el día en vez de afrontarlo.



http://bateriasypercusion.blogspot.com/

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