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  • Fabien Drogue

Humildad de la Z a la Z

Cuánto cuesta ser humilde. Cada pequeño logro, cada éxito, cada premio, cada felicitación pública, cada reconocimiento nos pone en peligro. Pone en peligro al menos nuestra capacidad para mantener esa humildad que tanto se espera de los grandes líderes.


Cuánto cuesta ser humilde. Pues imaginaros siendo Campeón de Italia, de España, de Europa, y del Mundo…

Admiro a Zinedine Zidane. Una admiración que puede generar disgustos y debates entre los más futboleros, porque el deporte es así: levanta pasiones. Debates entre Culés y Merengues, entre italianos y franceses, entre los que le perdonaron aquel desafortunado cabezazo y los que no… pero estas líneas tratan de liderazgo, no de fútbol, y esa elección es mía, y muy personal. Es la de 25 años de admiración por un deportista fuera de serie, la de un niño de 10 años que descubrió la unión sagrada que desencadenan 2 goles victoriosos en final de un mundial, y sobre todo la de un adulto que hoy en día todavía se queda asombrado con la humildad con la que este icono afronta sus grandes éxitos y fracasos.


Cuánto cuesta ser humilde. Pues imaginaros siendo Campeón de Italia, de España, de Europa, y del Mundo… Zidane ha conseguido mantener siempre esa humildad, y hoy en día sigue siendo una de las personalidades más reconocidas en el mundo del deporte y fuera de él. No solo por sus logros deportivos, sino por lo que representa como persona: una persona altamente generosa, reconocida por su discreción y su afán permanente de no estar en el foco de la atención, de no destacar, de poner de relieve los logros colectivos antes que los suyos propios.


A lo mejor los más futboleros habrán asociado enseguida estos rasgos y patrones de conducta, estas cualidades, con su posición en el campo, probablemente una de las más generosas, expuestas y sacrificadas de este deporte. Zico, Baggio, Del Piero, Platini, Riquelme.... Este papel clave del 10, organizador, impulsor, nexo que conecta defensa y ataque… en una palabra: Líder.

Para los menos futboleros: esta persona, con conocimientos y saber-hacer por encima de la media, dispuesta a jugar en la posición central, expuesto, dispuesto a defender, a atacar, a luchar, a recibir golpes, a imprimir ritmo al equipo cuando lo necesita, y calma cuando el grupo se pasa de entusiasmo. Cuanta analogía con lo que nuestros equipos esperan de nosotros ¿verdad?

Disfrutar del éxito, y recordar el fracaso


En nuestro día a día, probablemente alcancemos resultados excepcionales, inesperados a veces, incluso en la adversidad… ¿Cómo recibir estas alabanzas y felicitaciones con humildad?

Todos recordamos algún momento puntual de nuestras vidas en el que tuvimos ganas de desaparecer, avergonzados, hundidos. A nuestro estimado Zizou puede que este recuerdo sea aquel día 6 de julio del 2006, cuando a 10 min de la gloria, de un segundo Mundial, del final de su carrera, falló, dejando que sus nervios y los insultos de su adversario le superaran y le llevaran a cometer lo irreparable. Roja Directa. Una nación entera desolada y decepcionada, el final torcido de una historia hasta ahora casi perfecta.


¿Qué pasaría si tuviéramos la capacidad, tras un gran logro, de recordar también este momento negro en el que quisimos desaparecer? ¿No creéis que nos ayudaría a mantener nuestro ego controlado, nuestros pies en e la tierra?

¡Ojo! No hablo de no celebrar los éxitos, que obviamente es esencial para nuestro bienestar. Me refiero, a posteriori, tras la celebración, a obligarnos a recordar durante unos segundos este fondo que tocamos una vez y nos permitió remontar.


Ningún líder se vale por sí solo. Todo logro es colectivo, fruto del esfuerzo común.

Lo hemos logrado, y probablemente nos lo merezcamos, seguro que sí… pero ¿Qué hay de la ayuda, del compromiso, del apoyo de los demás, de cada paso que un miembro del equipo o del entorno ha dado en pro de la consecución del objetivo…y de ese factor suerte? Sí, existe la suerte e influye mucho en el éxito. Contexto económico favorable, encuentros casuales con personas que cambian el rumbo de un proyecto, errores o desgracias de los competidores que nos abre una vía perfecta hacía el objetivo…



El 12 de julio del 1998, tras ganar el mundial, el arco de triunfo de París se vestía de gala con un luminoso “Merci Zizou” acompañado de su rostro, el famoso comentarista Thierry Rolland lanzaba un entusiasta “ahora, podemos morir en paz”. Y Zidane respondía en una entrevista con un simple y humilde agradecimiento a su familia, por el sacrificio que había supuesto para ellos durante estos años impulsar su carrera.




Ningún líder se vale por sí solo. Todo logro es colectivo, fruto del esfuerzo común. Zidane lo entendió hace muchos años y aquí sigue, cosechando éxitos a día de hoy… no con controles orientados, conducciones fuera de serie, cabezazos, regates o marsellesas, pero sí con aura, con capacidad de influencia y liderazgo, y sobre todo con humildad.


FD.



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